Editorial “La pandereta nacional”

Destinado a uno de los mejores guiones de una comedia de los cincuenta. La versión oscura de nuestro humor, el descaro de nuestra burguesía, un lugar al sol para aquellos próceres cuyo tamaño del rostro es muy superior al de una plaza.
Esperanza Aguirre podría haberse querellado contra Francisco Granados por sus declaraciones en las que inculpa a la expresidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid. Aquellas frases que, según Granados, la hacían conocedora de todo.
También podría haberse estado calladita o haber hecho mutis por el foro. Relajarse un tanto por cierto ademán de pudor. Quedarse como está por muy cínico que pareciere el silencio, a veces sanador, a veces analgésico.
Pero Aguirre tuvo que soltar la pandereta y hacerla sonar: “No me querello contra Granados porque no tengo dinero para abogados”. De lo que se deduce que, como sí que lo tiene, no se querella por otro motivo difícilmente confesable.
La pandereta nacional acompasando el ritmo de la impunidad.

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