Editorial “Centrifugar”

Puigdemont juega la partida y se saca de la manga una carta con la que viene amenazando desde su fuga: la internacionalización del conflicto, esa capacidad tan española de centrifugar los problemas hacia fuera.
En una entrevista en una emisora de radio, Carles Puigdemont ha declarado que nadie debiera tener ninguna duda de que este conflicto entre Cataluña y el resto de España se dirimirá en los tribunales internacionales.
Un naipe hábilmente movido por el expresidente de la Generalitat, cuyo afán preciso no es otro que la internacionalización del conflicto una vez que los poderes del Estado, voluntaria o involuntariamente, le convierten en una especie de mártir para una causa de locos.
Históricamente viene ocurriendo en nuestro país que los problemas se centrifugan hacia el exterior por parte de aquellos que necesitan un aval internacional para sus aciertos o sus errores. Una costumbre que ha resultado positiva tanto si se lleva razón como si no se lleva.
Pero también esto se traduce en un problema más para los constitucionalistas que vemos y observamos la incapacidad del Presidente del Gobierno de la Nación, Mariano Rajoy, para solucionar políticamente un conflicto, más allá de la posición de la Fiscalía General del Estado, es decir, más allá de nuestras narices.
Centrifugar los problemas revela también la incapacidad del Gobierno del Estado para solventar los problemas internos en el ámbito precisamente interno. Hay que evitar a toda costa el victimismo falso y el barro que va a suponer la centrifugación del conflicto, la internacionalización del mismo, lugar donde se desenvuelven con habilidad aquellos que se hacen las víctimas de una opresión que no existe.

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