Editorial «Tiempo de conciliar»

Puigdemont deja en suspenso la declaración de independencia y ofrece diálogo al resto del Estado. Ganar tiempo es un acto de debilidad que, al mismo tiempo, divide a sus partidarios, decepciona a muchos, pero ofrece también una oportunidad de salida.
En un discurso entre delirante y causal, el Presidente de la Generalitat describió un proceso de desencanto con la nación española que, según él, ha llevado a los catalanes a aspirar a tener un estado propio.
Como todos los que deliran, se construyen un discurso para poder aparentar racionalidad y coherencia a lo que en verdad es una profunda y exagerada desconexión con la inteligencia.
El Gobierno de la Nación tiene que aprovechar esta situación para dejar de cometer errores. El PSOE debe recomendar prudencia e inteligencia, acompasar la contundencia y la frialdad con el diálogo y la seducción a muchos catalanes que han querido dejar de ser españoles.
Las contradicciones entre los defensores del proceso se han agudizado y han terminado en donde parecía que iban a terminar: en un completo disenso en las formas y, probablemente, en el fondo con la CUP. La temeridad es a veces iluminada paradójicamente por el desconcierto y, muchos independentistas, presos del pánico, han querido recular sabiendo adonde les llevaba la aventura. Al menos eso dicen en privado.
Ahora es tiempo de hombres y mujeres de Estado. No de aquellos que miran para otro lado, como el presidente Rajoy, o de aquellos que ciegamente persiguen un delirio o elevan a categoría histórica lo que simplemente es un mito.

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