Carmen de Burgos Seguí (“Colombine”)

Por Eusebio Lucía Olmos.

Carmen de Burgos Seguí
Carmen de Burgos Seguí.

Nació el 10 de diciembre de 1867, en el domicilio familiar almeriense de la Plaza de la Constitución (o Plaza Vieja), y no en el cortijo de La Unión, de la semidesértica localidad de Rodalquilar, perteneciente al municipio de Níjar, en el Parque Natural del Cabo de Gata, como siempre se dijo y según afirma su documentada biógrafa Concepción Núñez Rey. Fue la mayor de diez hermanos, hijos de José Burgos Cañizares, vicecónsul de Portugal en Almería, pasando su niñez por temporadas entre el cortijo familiar de Rodalquilar y el nuevo y céntrico domicilio almeriense de la calle del Teatro. Educada en el ámbito doméstico, dispuso de la importante biblioteca familiar, comenzando desde niña a mostrar una acusada vocación literaria, así como una gran preocupación por los más desfavorecidos, próxima a las ideas socialistas, a pesar del estatus burgués de la familia. El enriquecimiento paterno se había derivado de las explotaciones mineras, el cultivo de esparto y uva, así como los beneficios originados del contrabando gibraltareño, que se fue aminorando a partir de la trágica muerte del abuelo en 1850. No obstante, las propiedades maternas, provenientes de la herencia de un terrateniente local, eran también sustanciosas.
Se casó a los 16 años con un periodista local, catorce años mayor que ella –Arturo Álvarez Bustos–, que regentaba en aquellos momentos un periódico familiar, tras haber aprendido y practicado con escaso éxito el dibujo y la pintura. Era un verdadero vividor, hijo del respetable teniente de alcalde de Almería, además de propietario de una imprenta, editorial y librería, Mariano Álvarez y Robles. A pesar del inicial enamoramiento y de los cuatro hijos nacidos del matrimonio, de los que sólo sobreviviría una, Carmen se vio obligada a soportar continuas vejaciones y malos tratos del juerguista y bebedor marido, al tiempo que trabajaba de cajista o redactora en la imprenta de su suegro, lo que le supuso la adquisición de cierto entrenamiento periodístico. No obstante, el fracaso matrimonial animó a Carmen a buscar una salida profesional más segura que la proporcionada por la editorial, obteniendo la reválida de maestra en Granada en junio de 1895. En septiembre daba ya clases en un parvulario infantil de Almería, y al siguiente curso dirigiría una escuela infantil de niñas pobres en la céntrica plaza de San Sebastián. Hasta que, en mayo de 1901, comunicó al Ayuntamiento su obtención por oposición de una plaza de profesora en la Escuela Normal de Maestras de Guadalajara, por lo que renunciaba a su subvención de directora, a la vez que solicitaba le fuera ésta reintegrada a su hermana menor, Catalina, como nueva directora, lo que fue desestimado por unanimidad del pleno. Dejó así marido, familia y una sociedad que le era hostil, para enfrentarse a un incierto futuro.
Su marcha supuso un escándalo provinciano, cuando viajó a Madrid con su hijita y Catalina, con intención de rehacer su vida. Llegaron a Madrid a finales de agosto de 1901, alojándose en el domicilio de su tío Agustín de Burgos Cañizares, en la calle Echegaray nº 10, senador desde 1899. Nada más llegar, se quedó cautivada por el ambiente literario y cosmopolita madrileño, al tiempo que comenzó sus diarios desplazamientos a Guadalajara para dar sus clases, y publicó un libro de poemas: “Notas del Alma”. Sus primeros contactos con la prensa madrileña tuvieron lugar en noviembre de 1902, con su colaboración en el diario “La Correspondencia de España”, donde publicará algún artículo sobre la discriminación de la mujer, tema transversal en toda su obra. Al mes siguiente comenzó a colaborar en “El Globo”, donde se haría asidua, firmando numerosos artículos en los que mezclaba temas sobre moda con otros de hondo calado político y asuntos feministas en su columna “Notas Femeninas”. Las ideas expuestas eran contrarias al orden varonil establecido, denunciando la penosa situación que vivía la mujer española ante la ley, y defendiendo la educación como único medio para corregirla. Conocedora de que las actividades de las primeras sufragistas habían provocado burlas e insultos en su contra, rehuía la utilización del término “feminista”, aunque luchara por defender los principios básicos de lo que tal concepto suponía.
Por consejo del tío, y con la intermediación del cura republicano José Ferrándiz, se presentó Carmen a Augusto Suárez Figueroa, director del “Diario Universal”, a punto de aparecer, quien le concedió la oportunidad de colaborar con una columna diaria titulada “Lecturas para la mujer”. En el primer número del periódico, de 1 de enero de 1903, apareció ya su artículo inicial, firmado como “Raquel”, convirtiéndose de este modo en la primera mujer redactora de un periódico en España. Sin embargo, el del día siguiente fue firmado ya con el pseudónimo que le daría fama para el resto de su vida: “Colombine”, ideado también por Figueroa, dando inicio a una magnífica y creciente trayectoria como periodista profesional. Otros seudónimos suyos fueron también “Gabriel Luna”, “Perico el de los Palotes”, “Honorine” o “Marianela”. En su columna trató de manera radical los más variados temas de supuesto interés femenino, desde moda, belleza, cocina o labores, hasta literatura o ciencia, pero reivindicando siempre el papel de la mujer en la sociedad. Utilizó también esa tribuna para sus primeras campañas, como la abolición de la pena de muerte, la formación igualitaria de mujeres y hombres, o su apoyo a las reivindicaciones laborales femeninas de todo tipo, dando incluso noticia de su participación en reuniones de trabajadoras en el Centro Obrero de la calle de Relatores. Mención aparte merece la exitosa campaña que emprendió desde las páginas del “Diario Universal” en favor de la legalización del divorcio, en la que consiguió la opinión de numerosos escritores, artistas y políticos. Llegó incluso a fundar un “Club de Matrimonios Mal Avenidos”, para estudiar los problemas de la pareja. Aunque, desafortunadamente, el periódico iniciaría su decaída con la muerte en duelo de Figueroa, justo al año de su lanzamiento: el 1 de enero de 1904. No obstante, en el mes de abril regresó por unos días a Almería, enviada por el periódico, para cubrir la primera visita del rey Alfonso XIII a la ciudad.
El año y pico de aparición de la columna de Carmen en “el Universal” le permitió hacerse un importante hueco en el panorama periodístico nacional, llegando a colaborar con casi todos ellos, a pesar incluso de los polémicos y controvertidos artículos que con frecuencia publicaba. En 1904 Carmen abriría una nueva faceta en su trabajo literario, como fue la traducción, producto de su dominio del inglés, francés e italiano, a la vez que iniciaba una duradera amistad con quien venía siendo su más importante referente tanto literario como político: don Vicente Blasco Ibáñez. Esta relación que suscitó multitud de comentarios malintencionados en la sociedad madrileña, le permitió el acceso a la editorial Sempere y a las páginas del diario radical y anticlerical “El Pueblo”, dirigidos ambos por el valenciano. Su actividad literaria se multiplicó, al tiempo que ingresaba en varias asociaciones, como la Sociedad de Autores Españoles, la Sociedad de Escritores y Artistas, la Asociación de Prensa, o el Ateneo Científico Literario de Madrid. Inició también su participación en actos públicos y conferencias, como la pronunciada en el Paraninfo de la Universidad Central, en la conmemoración del tricentenario de la publicación del Quijote. Publica también “El divorcio en España”, “La protección e higiene de los niños” y “Moderno Tratado de Labores”.
Tras la publicación de la novela “Alucinación”, en el otoño de 1905 emprendió un viaje por Europa, becada por la Junta de Ampliación de Estudios. Fruto del mismo fue su publicación “Por Europa”, así como los numerosos artículos que enviaba diariamente al periódico moderado “El Heraldo de Madrid”, amén de los numerosos contactos personales que posibilitó y las conferencias que fue invitada a pronunciar. A su regreso, ya en 1906, se incorporó en comisión de servicios a la Escuela Superior de Artes e Industrias de Madrid, para impartir clases de Economía Doméstica en su sección de enseñanzas de la mujer. A la vez, y a imagen de los ambientes literarios que había conocido en Europa, montó en su domicilio una tertulia literaria todos los miércoles, donde se darían cita personalidades de la vida cultural y artística madrileña, mientras ella contaba las actividades que desarrollaban las mujeres europeas. Publicó “La Mujer en España” y, siguiendo el modelo de su anterior campaña en favor de la legalización del divorcio, montó en “El Heraldo” otra en pro del voto femenino, que obtuvo sin embargo un negativo resultado.
En junio de 1907 fue trasladada a la Escuela Normal de Toledo, apartándola de su actividad social en los círculos literarios madrileños – hubo de cambiar la tertulia a las tardes dominicales –, lo que no significó que abandonase su actividad creativa, como bien demuestra la publicación de numerosas novelas cortas, de gran repercusión en la literatura de la época. No obstante, el encuentro con la pareja formada por su antigua compañera Dolores Cebrián y Julián Besteiro, catedráticos ambos de secundaria en la ciudad del Tajo, le ayudó a soportar el destierro al que se veía sometida. Esta relación la hizo alejarse de las ideas radicales del republicanismo de Blasco Ibáñez, para inclinarse poco a poco hacia la vertiente socialista liderada años más tarde por el propio Besteiro. Y aún disponía del tiempo y las energías necesarias para publicar “El tesoro del castillo” e idear el lanzamiento, con el apoyo de Pérez Galdós y Rubén Darío, de una revista literaria – “Crítica” – que también dirigiría y pronto adquiriría gran prestigio por las importantes firmas que colaboraron en ella, desde Eduardo Zamacois o Salvador Rueda, hasta Tomás Morales, Enrique Díez-Canedo o Andrés González Blanco.
Carmen viviría esos años una etapa de verdadero esplendor literario, convirtiéndose ya en una gran mujer (hasta en su volumen corporal), con fama de vivir una turbulenta vida personal. Se habla de sus coqueteos con el escultor Julio Antonio, el político Eduardo Barriobero, el escritor José Francés, o el poeta sevillano Rafael Cansinos-Asséns… Fue también a menudo censurada por el contenido de sus clases en las que hablaba de evolucionismo, así como por su compromiso con la emancipación femenina, por entender que en sus intervenciones públicas promovía la práctica del amor libre. Trabajó siempre por la abolición de la pena de muerte y la defensa de la comunidad sefardita internacional, creando la Alianza Hispano-Israelí. Escribió tanto obras originales como traducciones, colaborando con la colección de narrativa breve “El Cuento Semanal”, que seguiría con “La Novela Corta”, “La Novela Semanal”, etc. Consiguió así una notable fama y reconocimiento, participando del resurgimiento cultural español de las dos primeras décadas del siglo. En 1908, Carmen era ya reconocida como una escritora de éxito y, sobre todo, muy trabajadora, por lo que era demandada por círculos periodísticos y editoriales, a pesar del escándalo que producía su trayectoria vital en los medios conservadores. Buena muestra de éste fueron las reacciones a su continuo apoyo periodístico al “voto administrativo” femenino, desde su columna de “El Heraldo”, en el correspondiente debate parlamentario instado por el diputado Pi y Arsuaga.
Más aún cuando, un año después fue conocida su relación con Ramón Gómez de la Serna, jovencillo escritor veinte años más joven que Carmen, hecho insólito para la época, con quien convivió durante más de veinte años, concitando los odios de los medios conservadores. Realmente sería esa una azarosa relación de cuatro protagonistas: Carmen y su hermana, y Ramón y Rafael Cansinos, por quien Ketty suspiraba, mientras él estuvo siempre enamorado de la hermana mayor. Publicó “Los inadaptados” – su primera novela larga dedicada a Rodalquilar –, “La mujer en el hogar” y “Modelos de cartas”. Pero 1909 sería un año vital para ella por otro acontecimiento decisivo. La pavorosa derrota militar del Barranco del Lobo, en el mes de julio, con centenares de bajas españolas, motivó que se desencadenase un alzamiento revolucionario en protesta contra la guerra, con la consiguiente represión por parte de las autoridades españolas. “El Heraldo de Madrid” encargó de inmediato a Carmen – a pesar de su declarado antibelicismo – trasladarse a Melilla para dar cuenta directa de lo sucedido, convirtiéndose así en la primera mujer corresponsal de guerra, y sirviendo a la vez de importante enlace con las familias de los soldados mediante la publicación diaria de las listas de enfermos y heridos. Todo ello quedaría recogido en su nueva publicación “En la guerra”.
Con la caída del “gobierno largo” de Maura, en octubre de 1909, Carmen fue trasladada a la Escuela Normal de Madrid, creciendo también su compromiso feminista con su ingreso en el Grupo Femenino Socialista de Madrid en julio 1910, desde el que defiende la coeducación, el matrimonio civil, el divorcio y el amor libre, hasta agosto de 1912. Tras la publicación de “El veneno del Arte”, “Giacomo Leopardi”, “La voz de los muertos” y “El honor de la familia”, el verano de 1911 inició un nuevo viaje por Europa en compañía de su hija, María, fruto del que nacería su segundo libro de viajes, sus crónicas enviadas tanto al “Heraldo de Madrid” como a la revista “Nuevo Mundo”, y su novela “Siempre en tierra”, dedicada a la descripción de la vida parisina. Se iba ampliando el círculo de relaciones de Carmen con acreditados escritores – como lo demuestra la entrevista que le hizo a doña Emilia Pardo Bazán para “El Liberal” –, a la vez que su fama iba creciendo también en el exterior, por lo que al año siguiente viajó de nuevo a París y a Buenos Aires, para impartir diversas conferencias sobre el escaso arraigo del feminismo en España, a la vez que incrementó sus publicaciones con “Influencias recíprocas entre la Mujer y la Literatura”, “La indecisa”, “La justicia del mar”, “Al balcón”, “Malos amores”, “Frasca la tonta” y “Sorpresas”.
En el año 1914 su destino sería la Europa del norte, debiendo regresar urgentemente desde Noruega a consecuencia del estallido de la Gran Guerra. Por este motivo, su destino viajero del siguiente año sería Portugal, donde inició una nueva etapa junto al hombre que venía ocupando su vida sentimental durante esos últimos años, a la vez que intensificó su amistad con la líder feminista portuguesa Ana de Castro Osorio. Publicó “El abogado”, “Las Tricanas” y “La misión social de la mujer”. Durante 1916 viajó también con Ramón a los países centrales del conflicto bélico, enviando sus crónicas al “Heraldo” y escribiendo novelas sobre el mismo, como “El Permisionario”, a la que añadiría un gran número ellas en una prolífica etapa: “Peregrinaciones”, “Los usureros”, “El arte de seducir”, “Villa María”, “Ellas y ellos o Ellos y ellas”, “El hombre negro”, “Lo inesperado”, “Don Manolito”, “Los míseros”, “La rampa”, “El perseguidor”, “Pasiones”, “El desconocido”, “Los inseparables”, “La hora del amor”, “Todos menos ese”, “Venganza”, “El mejor film” y “El último contrabandista”, con las que culminaría el ciclo de Rodalquilar, a las que unió la biografía de Larra (“Fígaro”), así como una serie de publicaciones sobre cocina, el hogar, salud y belleza. Tan numerosa producción literaria debería de ser reflejo de una plácida vida íntima, o al menos así lo era para muchos, pues la desigual pareja formada por Carmen y Ramón aparentaba ser más la de una madre y su hijo mozalbete que la de verdaderos amantes. Sin embargo, nunca eludieran airear sus íntimas trifulcas, como cuando, tras una sonora y habitual pelea por celos entre Ramón y Rafael Cansino-Asséns –eterno enamorado de Carmen, como Catalina lo era de él–, le pidió aquella a Ramón que abandone su casa.
El final de la guerra supuso su regreso a las reivindicaciones femeninas desde su columna del “Heraldo”, así como su regreso a la militancia socialista, pues en agosto de 1917 volvió a darse de alta en su Grupo Femenino, hasta que en diciembre de 1919 se produce un nuevo alejamiento por desencanto, tras ser denunciada internamente por no pertenecer sindicalmente a la sociedad de su oficio, como era preceptivo, fue expulsada de la agrupación. El año 1919, Carmen y Ramón – cuya fama como escritor había crecido considerablemente, habiendo montado ya la famosa tertulia del café “Pombo” – habían iniciado también una nueva vida en Portugal, donde no solo encontraron reposo y tranquilidad para escribir en Estoril, sino que ella seguiría ejerciendo su labor periodística en el diario portugués “O Mundo”, así como impartiendo sus conferencias y participando en actos culturales, siempre en defensa de los derechos femeninos. Allí conoció con disgusto la noticia de la boda de su hija con el actor Guillermo Mancha, con quien filmaría alguna película sin éxito alguno, por lo que decidió marchar a América. A pesar de su alejamiento formal de la disciplina socialista, Carmen continuaba perteneciendo a la Unión de Mujeres de España, fundada por la marquesa del Ter y María Lejárraga, manteniendo su vinculación con un determinado sector de las socialistas madrileñas, y colaborando mutuamente en sus iniciativas en favor de los derechos de las mujeres. Tras la disolución de esta asociación, Carmen fundó la Cruzada de Mujeres Españolas – que presentó en 1921 una petición al Congreso solicitando la igualdad total entre hombres y mujeres en materia de derechos civiles y políticos –, y presidió la Liga Internacional de Mujeres Ibéricas e Hispanoamericanas.
A pesar de la seriedad de estas organizaciones, Carmen no dejó nunca de representar determinadas actitudes provocadoras del escándalo entre una sociedad mayoritariamente conservadora. Como el considerable alboroto que protagonizó cuando, a pesar de su bien conocida inclinación heterosexual, en 1920 intentó besar un pie desnudo de la cupletista Tórtola Valencia, a la que entrevistaba en su domicilio. La pública denuncia por parte de ésta, hizo correr ríos de tinta sobre el incidente, siendo necesario hacer las paces en un palco del teatro Romea, con el pintor Pepe Zamora de intermediario. No por ello ha dejado de publicar, de lo que da buena muestra toda una larga serie: “Los anticuarios”, “Dos amores”, “El fin de la guerra”, “Los negociantes de la Puerta del Sol”, “La Emperatriz Eugenia”, “La flor de la playa”, “Los amores de Faustino”, “Luna de miel”, “Confidencias”, “La entrometida”, “El artículo 438”, “La Ciudad Encantada”, “El retorno”, “La  mujer fría”, “El suicida asesinado”, “La princesa rusa”, “Los huesos del abuelo”, “Las Artes de la Mujer”, “La malcasada”, “Los espirituados”, “La herencia de la bruja”, “La Pensión Ideal”, “La que se casó muy niña”, “El extranjero”, “La mujer fantástica”, “El anhelo”, “El hastío del amor”, “La tornadiza”, “Nuevos modelos de cartas”… Tan prolífica producción, a la que se une también la de Ramón, es justificada por Carmen como necesaria forma de conseguir medios de pago del magnífico hotelito con que se han hecho en Estoril: “El Ventanal”.
En octubre de 1925 viajó a México para presidir el congreso de la Liga de Mujeres Ibéricas, y con la esperanza frustrada de encontrarse con su hija, a quien no veía desde hacía tres años. Pero, la aparición de los primeros síntomas de su dolencia cardíaca la aconsejaron reducir sus actividades, por lo que durante la dictadura de Primo de Rivera dejó su actividad política, aunque continuase volcada en sus actividades feministas desde su refugio de Estoril, como demuestra la publicación de su obra capital: “La mujer moderna y sus derechos”, obra enciclopédica en la que Carmen vierte el extenso conocimiento que sobre el eterno “problema femenino” ha ido acumulado a lo largo de los años. Mantiene al mismo tiempo su continua producción literaria con su “Vademécum femenino”, “Hasta renacer”, “La miniatura”, “El tío de todos”, “La melena de la discordia”, “El brote”, “La nostálgica”, “La hora del amor”, “La confidente”, “La misionera de Teotihuacán”, “El Misericordia”, “Hablando de los descendientes”, “Se quedó sin ella”… Hasta que en 1929 regresó inesperadamente de América su fracasada hija, tanto en su vida personal como en sus intentos de hacerse un nombre en la escena, tras diez años de alejamiento. Aunque lo peor estaba aún por llegar, con el estreno este mismo de la comedia de Ramón – ya afamado escritor, pero inexperto para el teatro – “Los Medios Seres”, donde intentó incluir un papel para la hija. Este sería el inicio de una relación apasionada y efímera entre María y Ramón, que provocó un enorme disgusto y amargura en la colérica Carmen cuando la conoció, dando así fin definitivo a una relación de amor de más de veinte. El coincidente e importante agravamiento de sus dolencias cardiacas, hizo pensar en que este gran disgusto como su causa. Tras el fracaso de la obra teatral junto al de la nueva pareja, Ramón viajó a París con la excusa de tomar posesión de su sillón en la Academia de Humoristas, para continuar su huida hasta Argentina, mientras María regresó al cabo de una semana junto a su madre.
En 1930 trató de mitigar su honda amargura personal con la redacción y publicación de tres nuevas novelas – “El Dorado Trópico”, “¡La piscina, la piscina!” y “Vida y milagros del pícaro Andresillo Pérez” – y regresando a la vida política, por lo que se afilió al Partido Republicano Radical Socialista, de Marcelino Domingo y Álvaro de Albornoz, como buena antimonárquica apasionada. Al mismo tiempo, participa en los trabajos de la logia de adopción Amor, de la que es venerable maestra, además de continuar escribiendo y publicando sobre los más variados temas, en los que a menudo deja entrever su desconsuelo: “Riego”, “Amadís de Gaula”, “Quiero vivir mi vida”, “La ironía de la vida”, “Perdónanos nuestras deudas”, “Puñal de claveles”, “Guiones del destino”, “Cuando la ley lo manda”, “Los endemoniados de Jaca”… Prodigó también sus charlas en pro de la República en el Círculo Republicano de la calle de San Bernardo, defendiendo ardientemente el voto de la mujer con Clara Campoamor, a cuyo homenaje acudió el 14 de noviembre por la concesión del voto femenino. El 9 de octubre de 1932, cuando arengaba a los compañeros del Círculo Radical Socialista, cayó fulminada por un ataque cardíaco que le produjo la muerte instantánea, siendo enterrada en el cementerio civil madrileño.


Fuentes.- Diccionario Biográfico del Socialismo Español (FPI); Concepción Núñez Rey: “Carmen Burgos “Colombine”, en la Edad de Plata de la Literatura Española”.- Sevilla. Fundación José Manuel Lara, 2005; Antonio Sevillano y Anyes Segura: “Carmen de Burgos “Colombine”.- Almería. Instituto de Estudios Almerienses, 2009; Federico Utrera: “Memorias de “Colombine”, Madrid. HMR, 1998; Notas biográficas de los archivos de Yasmina Romero Morales y Eusebio Lucia Olmos.

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