“Caleidoscopio sobre GALDÓS” (3), por Alfredo Liébana Collado.

Alfredo Liébana Collado.

En dos artículos anteriores hemos indicado algunas opiniones de destacados escritores de su época haciendo valoraciones sobre Galdós. Para entender estas valoraciones vamos a ponerlas en el contexto de su influencia social y política.

Galdós fue republicano (salvo en su apoyo a Prim y al efímero monarca Amadeo de Saboya), primero frecuentó los círculos liberales del partido progresista de Sagasta, para pasar al republicanismo moderado del reformista Melquíades Álvarez y por último acercándose a los diferentes grupos republicanos y a Pablo Iglesias, con quien formaría la Conjunción Republicano-Socialista (1909), de la que él mismo fue presidente, consiguiendo Pablo Iglesias, por fin, acceder a las Cortes.

Cuatro veces resultó diputado, una de cunero por Puerto Rico en 1886, dos por Madrid (1907 y 1910) y otra por Las Palmas (1914). Su activismo político más intenso fue durante la última década de su vida, entre 1907 y 1912, donde se sintió muy cerca del fundador del PSOE, ante la desesperante división de los republicanos, diciendo en una ocasión: “Voy a irme con Pablo Iglesias. Él y su partido son lo único serio, disciplinado y admirable que hay en la España política”, colaborando con sus publicaciones como El Socialista y Vida Socialista, escribiendo en el primero con motivo del 1 de mayo de 1911 y apareciendo en la portada de la segunda. El hombre político, patriota hasta la médula, formado en el krausismo y admirador de la Institución Libre de Enseñanza, se hizo decidido regeneracionista, liberal de joven para desplazarse después hacia la izquierda según envejecía.

El término caleidoscopio fue utilizado varias veces por Galdós en sus novelas y en este caso vamos a indicar las impresiones generales de varios escritores sobre el propio Galdós.

Algunas opiniones no desarrolladas en los dos artículos anteriores fueron, entre otras las de:

María Zambrano (1904-1991) señala a Galdós como el mejor escritor español después de Cervantes e indica: “Nos da la vida del español anónimo, el mundo doméstico en su calidad de cimiento de lo histórico, del sujeto real de la historia”. María Zambrano estudia en profundidad su obra, incluso publicando La España de Galdós y una serie de trabajos previos. La lectura que Zambrano realiza de Galdós apunta a un pensamiento sobre la historia “esencialy sobre la novela (en su forma realista) como forma de conocimiento, cuestiones que Zambrano ve desplegadas con especial sabiduría en la escritura del autor de Fortuna y Jacinta, novela especialmente querida por Zambrano, junto a Misericordia. La novela realista es la historia de las costumbres, no de los acontecimientos. Parece que para cantar a la patria haya que ser tradicionalista y conservador. Y no. Hay un patriotismo de sentido liberal que no reniega del pasado, que incluso le rinde culto, pero que no quiere resucitar nada de lo que ya pasó y que sueña con un futuro nacional en armonía con los nuevos tiempos. Ese patriotismo era el de Galdós.

Zambrano participó muy activamente en la celebración del centenario de su nacimiento en 1943, donde sólo lo hace la España peregrina. Sostiene que el verdadero alimento intelectual del español es la novela desde Cervantes a Galdós, con un hiato amplísimo entre ellos. El entendimiento español se replegó a la novela.

Galdós para María Zambrano fue un Cervantes próximo, indicando que la novela es la confrontación de la conciencia con la naturaleza y la sociedad de su tiempo. También escribe un artículo titulado La mujer en la España de Galdós para señalar el paso de la mujer del área de lo doméstico a la complejidad de la vida social, siendo su generación la que realiza el sueño de Galdós.

Indica Zambrano que su ceguera última puede ser simbólica de esa su genialidad, que en grado último es visión que se hace ciega, para dejar paso al tacto; a un infalible tacto de ciego, de ese poeta ciego capaz de enumerar la realidad arcana y doméstica a un tiempo.

María Zambrano fue profesora en la facultad de filosofía con Ortega, se exilió en México y La Habana, trasladándose luego a Roma y a Francia. En 1981 recibió el premio Príncipe de Asturias y en 1988 el premio Cervantes de Literatura.

Federico García Lorca (1898-1936) dice: “Yo recuerdo con ternura a aquel hombre maravilloso, a aquel maestro de pueblo, a quien yo vi de niño en los mítines sacar unas cuartillas y leerlas, teniendo como tenía la voz más verdadera y profunda de España”.

Poeta y dramaturgo, miembro de la generación del 27, es el poeta de más influencia del siglo XX, y con gran proyección internacional, en teatro es con Valle Inclán y Buero Vallejo los más reconocidos de esa generación. Su obra está fuertemente enraizada en la tradición y el folklore español. Políticamente apoya al gobierno republicano y es fusilado.

Américo Castro (1885-1972) indica en La realidad histórica de EspañaGaldós adivino genial de lo yacente bajo el convencionalismo de las crónicas, que no historias de España”. Y en su libro Cervantes y los casticismos españoles (Alfaguara, 1966) escribía: “Los españoles, antes de don Benito Pérez Galdós, no supieron qué hacerse con aquel nuevo arte de hacer novelas de 1600”.

Historiador y filólogo, catedrático de literatura, organizó el Centro de Estudios Históricos desde 1915, adherido al Krausismo, profesor en diversas universidades de Chile, México y Nueva York, embajador en Berlín en 1931. Se exilió en EE.UU en 1938 y fue profesor de literatura en diversas universidades Norteamericanas hasta su fallecimiento.

Max Aub (1903-1972), por su adscripción a la tradición realista que se inició durante la guerra civil –“descubrí a Galdós (tan vilipendiado por Ortega)”, escribe en 1953 (2001) – y se consumará en la serie de los Campos y que tiene su manifiesto en el Discurso de la novela española contemporánea (México, El Colegio de México, 1945) e incluso en el prólogo a La prosa española del siglo XIX (México, Antigua Librería Robredo, 1952), donde lo utilizó como modelo para su serie de El laberinto mágico.

En la novela “Luis Buñuel” indica: “Si se perdiera todo el material histórico de esos años -el siglo XIX-, salvándose la obra de Galdós, no importaría. Está ahí completa, viva, real, la vida de la nación durante los cien años que abarcó la garra del autor”.

Luis Cernuda (1902-1963) supo ver antes que nadie la discreción de Galdós a la hora de situarse en los otros en lugar de en su propio ombligo, acertó en el núcleo de su narrativa cuando, en la parte que le dedicó de su díptico más conocido, habló del “escondido drama de un vivir cotidiano: / La plácida existencia real y, bajo ella, / El humano tormento, la paradoja de estar vivo”. La literatura del desapego, del apocalipsis o la distopía no pone precisamente el foco de atención en la coincidencia de los seísmos públicos con los privados, en los sentimientos de la gente común, en la escritura como medio de conmover en vez de epatar artificiosamente. Para Galdós el estilo es el instrumento que capta y desarrolla el tema, el disolvente de la retórica desde el momento en que se pone al servicio de lo que cuenta, en que busca hacerse invisible, en que aspira a la versatilidad de contener todos los estilos posibles. No puede hablarse de una variedad de estrategias más completa y compleja que la que muestran sus novelas contemporáneas: estilo indirecto libre, diálogos dramatizados, monólogo interior, personajes que se dirigen a la voz que los narra, enfoque variable, parodias de todos los lenguajes (desde el folletinesco romanticón, hasta el envarado discurso político, desde el registro más vulgar hasta la impostura gramatical de los nuevos ricos, desde la burla consciente de los arcaísmos hasta la terminología incipiente del positivismo). Quien cuenta su época y la forma más idónea de contarla.

Indica Cernuda que Galdós es de estirpe quijotesca, que aunque no coincide con su gusto literario, le señala como un gran escritor aunque si destaca los Episodios Nacionales como de gran interés, especialmente los últimos. Indica que Galdós levanta una patria ideal, que redime a otra España obscena y deprimente.

El poema de Cernuda “Díptico español” finaliza: “La real para ti no es esa España obscena y deprimente/ en la que regentea hoy la canalla. / sino esta España viva y siempre noble/ que Galdós en sus libros ha creado. / De aquélla nos consuela y cura ésta”.

Vicente Aleixandre (1898-1984) tuvo una influencia de Galdós en su juventud, de hecho Aleixandre y Lorca tuvieron un hermanamiento literario al estudiar la obra de Galdós. Ambos coincidieron en la defensa de la República aunque con diferente intensidad.

Aleixandre es un poeta miembro de la generación de 1927, Obtuvo el Premio Nacional de Literatura en 1934, fue Académico de la lengua desde 1950 y el premio Nobel de Literatura en 1977.

Posteriormente el franquismo pasó por varias etapas respecto a Galdós, comenzando por la quema de sus libros por los falangistas al ser considerados sus escritos como separatistas y liberales, hasta un reconocimiento tardío, aunque pervivieron actuaciones como la del Obispo Pildain que se opuso al Museo Galdosiano en Las Palmas planteando orden de excomunión a quien lo visitase. Curiosamente la recuperación de Galdós se hace en las Universidades de EE. UU. por los intelectuales exiliados y por multitud de hispanistas, especialmente en Nueva York, lo que hizo que terminara reconociéndose en España en los años 60. En la actualidad nadie duda de su trascendencia en la literatura española.

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