“Bulócratas de calle en tiempos de Covid”, por Carmen Vicente Muñumer.

Carmen Vicente.

Por estas fechas hace un año de un hecho que a muchos nos impactó en pleno revuelo de esta pandemia. Sucedió en La Línea de la Concepción (Cádiz), cuando un grupo de vecinos de dicha localidad recibía a pedradas un convoy de ambulancias con 28 ancianos, afectados por coronavirus, que estaban siendo reubicados allí.

Éste hecho nos indignó, y no entendíamos cómo era posible un trato así a quienes nos han dado todo a lo largo de su vida, y quienes más lo estaban sufriendo perdiéndola.

Colectivos como los sanitarios o las cajeras de los supermercados, también tuvieron que sufrir ese rechazo, esta vez en forma de notas o carteles. Se les instaba a vivir en otro lugar para, en caso de contagio, no contagiar al resto de vecinos. Se estaba discriminando a personas que arriesgaban su vida por salvar la nuestra, o por proveernos de alimentos. En el caso de las cajeras, cuando más incidencia había, se la jugaron por nosotros sin apenas epis. Son otro colectivo más que demostró su valentía sin recibir aplausos en pleno caos.

Porque sí, mirando atrás, rememorando aquellos días, puedes recordar el miedo en el rostro de la gente que no sabía cómo vivir con esta “nueva” enfermedad en nuestro entorno. Pero ese mismo miedo era el que sentían colectivos como éstos que se la jugaron, y se la juegan, por todos los demás. Y rechazarlos, como se hizo, no era una opción. Ni antes ni ahora.

En aquellos días el desconcierto y desconocimiento hizo perder el juicio a muchas personas que, incluso hacían de jueces sin siquiera informarse desde los balcones. Y en muchas situaciones denunciaron e insultaron a personas (niños en ocasiones) exentas de llevar mascarilla. Como vemos, otra discriminación más.

Hasta cierto punto, lo de aquellos días tenía un pase. Pero que hoy aún se vivan situaciones similares, un año después, cuando tendríamos que haber asimilado y aprendido de esta situación, nuestras obligaciones, las del resto, protocolos… No, hoy en día no tiene excusa. Y es que no hay peor enfermedad que la falta de corazón.

Entonces, ¿Por qué hay quien sigue empeñado/a en dañar faltando a la verdad? ¿Qué tienen en la cabeza las personas que continuamente crean bulos en torno al resto? Bueno, en psiquiatría, a las personas con la adicción a mentir continuamente, se les denomina mitómanos o mentirosos compulsivos. También se sugieren dos razones por las que hay personas que con su actitud constante dañan al resto: o no sienten el dolor de los demás o disfrutan sintiendo el dolor de los demás.

Pero hay más motivos: por desconocimiento o falta de interés en conocer la verdad de las cosas y casos. Por cuestiones personales: Rencillas llevadas a la venganza contra esa o esas personas a las que se quiere dañar.

Por cuestiones políticas: Hay quienes llevan lo político al lado más extremo, dificultando la convivencia con los demás. No ven al resto como vecinos sino como el enemigo a batir.

Hay quienes con su comportamiento, conscientemente o no, están generando un caos a nuestro alrededor, hasta el punto de provocar un miedo a decir la verdad. Hay quien no se atreve a reconocer que tiene covid.

También es cierto que nadie está obligado a decir si es positivo en covid o no, está obligado en caso positivo, a seguir una serie de normas y protocolos que les rigen sus rastreadores y médicos. Y punto. Ahora bien, que se sepa de alguien que tiene el covid, y se le use para atacar, culpar o mentir sobre esas u otras personas, a eso nadie tiene derecho. Nadie. Y es algo que he visto y vivido con enfermos y personas cercanas y es vergonzoso.

Cuando hay gente en un pueblo, en este caso el mío, que se dedica a despotricar sin sentido poniendo la diana incluso en el pueblo de al lado, con una incidencia de 151, cuando la incidencia en su propio pueblo es de 290… Como decía Baltasar Gracian, “El primer paso de la ignorancia es presumir de saber”.

Se ha acusando a establecimientos locales o a sectores laborales, de traer o de expandir el virus. Hombre, vamos a ser serios, pero sobretodo vamos a hacer uso, buen uso, de nuestro seso.

Acusar de que en un establecimiento en concreto o negocio se propaga el virus, es algo demasiado serio para divulgar tan alegremente como hemos visto. Y es poner una diana, a veces sin base sanitaria, a la forma de ganarse el pan de esos dueños o autónomos. Señalar a trabajadoras de ayuda a domicilio, cuya empresa lleva un control de las mismas, es un acto más de ignorancia. Y digo ignorancia…como mínimo. ¿Estas personas se dan cuenta de lo que en realidad están divulgando? Pues para empezar, entre líneas, están viniendo a decir que los sanitarios y rastreadores, no hacen su trabajo o lo hacen mal. Están viniendo a decir, que la empresa de ayuda a domicilio no controla a sus trabajadoras, y lo que es peor, que la importa un pimiento si contagian, enferman o fallecen los ancianos que están a su cuidado. Y esto, señores/as son acusaciones muy graves. Pero, ¿En qué cabeza cabe pensar así? ¿Acaso creen que los sanitarios pretenden crear un colapso en sus hospitales, dejando a la gente a su libre albedrío? ¿Creen que las empresas de ayuda a domicilio, pretenden acabar con su propio negocio arriesgando la salud de sus ancianos? ¿No les parece ridículo?

Seamos sensatos, si una persona está en su puesto de trabajo o en su negocio, es porque los sanitarios, principalmente, creen que cumplen las condiciones para hacer o seguir ejerciendo su vida laboral. Ahora bien, si hay quienes saben más que nuestros virólogos o epidemiólogos, que se ofrezcan a la ciencia y que los iluminen con su enorme sabiduría y capacidad.

Estas cosas y casos no solo suceden a mi vista y oído, por desgracia estamos rodeados de gente así en todas partes, que sueltan mentiras, bulos, historias creadas en sus mundos de yupi, (no solo con este tema sino con cualquier cosa manipulable), y que no sé si a ellas realmente las servirá para sentirse bien, yo lo dudo, sinceramente.

Con respecto a estas personas me gustaría, en primer lugar, que se informaran más y mejor, y lo segundo que se hicieran esta pregunta: “¿Y si fuera yo, mis hijos o mis padres?”, Porque en verdad, nos harían la vida más fácil al resto, pero sobretodo a ellos mismos, porque tiene que ser muy agotador y triste tener la cabeza continuamente en pensamientos tan negativos.

Reflexionen y dense una oportunidad, seguramente podrán ser mucho más libres y felices.

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