Boris Johnson prefiere títeres a ministros

Boris Johnson prefiere títeres a ministros

El viernes se estrenó el nuevo Gobierno de Boris Johnson, primer ministro de Reino Unido. Gobierno por llamarlo de algún modo. Como razona El País en un editorial, Boris Johnson ha impuesto un criterio de selección que sólo él controla.

Sus ministros, más que ministros son y serán títeres de dos o tres personas de extrema confianza del premier. Además, por supuesto del propio Boris Johnson. Sus ministros son en realidad administrativos, altos secretarios sin capacidad de organización de sus respectivos Ministerios. Apenas saben maniobrar para gestionar y vertebrar sectorialmente la política del país.

Prueba de ello es Dominic Cummings, un asesor que trabaja entre bambalinas, sectario y antieuropeo. Y prueba de ello es que Sajid Javid, ya ex ministro de Hacienda británico, dimitió. Se negó a aceptar la injerencia del primer ministro de intervenir en todos los nombramientos que hiciera. De hecho, sin que Javid estuviera informado, la oficina del premier despidió a uno de sus altos cargos.

Johnson va a aplicar una política de extremo intervencionismo y sumisión de sus ministros. El sucesor de Javid es Rishi Sunak. Se trata de un personaje inexperto pero ambicioso, dispuesto a humillarse con tal de controlar el gasto de todos los demás miembros del Gabinete.

La cuestión no es sólo que esta nueva política afectará a los británicos. Lo hará a la Unión Europea en la futura negociación para fijar la nueva relación con Reino Unido.

Boris Johnson no tendrá el Presupuesto a tiempo

El Gobierno de Johnson ni siquiera ha sido capaz de confirmar si tendrá a tiempo el nuevo presupuesto para el 11 de marzo. Esto resulta crucial para la negociación con la UE que debería concluir con un acuerdo antes de que termine el año.

A ello se une lo que el viernes se confirmó: grandes restricciones a la acogida de inmigrantes europeos desde final de año.

Se suma la amenaza a la independencia de la BBC. Además, el rechazo a cualquier “alineamiento dinámico” respecto a las normas y estándares industriales, laborales y fiscales del bloque comunitario.

El panorama que está escribiendo hace pensar en lo peor cuando este periodo de transición termine. Europa debe estar preparada para ello.

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