Alberto Rodríguez abandona Podemos

Alberto Rodríguez abandona Podemos

Alberto Rodríguez, diputado de Unidas Podemos, abandonará la formación morada y hará cuanto pueda jurídicamente para defender su inocencia. ¿Defender una inocencia? Ahora hay que defender una inocencia, en vez de demostrar una culpabilidad. Mide dos metros, difícil de no ver si fuera culpable.

Su abandono de Podemos llega después de que Maritxell Batet, la presidente del Congreso, decidiera aplicar la sentencia del Tribunal Supremo. Le retiró su acta de diputado.

Se le condenó a 45 días de prisión y una pena complementaria de inhabilitación especial para ejercer el derecho pasivo mientras durara la condena.

Sin embargo, la sentencia permitía sustituir la condena por una multa de 540 euros que el diputado canario ya pagó.

Por esa razón, los letrados de la Cámara Baja informaron a la Mesa del Congreso de que Alberto Rodríguez podría retener su acta de diputado. Siguiendo este criterio, el órgano de gobierno de la Cámara Baja acordó, con los votos socialistas y morados, que podría seguir en su escaño.

En cambio, el Alto Tribunal presionó a la Mesa, indicando que la pena complementaria de inhabilitación era “obligada”. La presión surtió efecto y Batet cedió.

Recibido en loor de multitudes

A su llegada al aeropuerto de Tenerife, recibido entre aplausos de numerosas personas, Rodríguez hizo unas declaraciones a los medios. “Abandono la militancia partidista y abandono Podemos. Agradezco profundamente estos años que han sido muy intensos de muchísimo aprendizaje y de recibir muchísima leña”, trasladó.

Así, destacó que “uno debe saber cerrar ciclos”. Añadió que ahora entra en “otro momento personal”, tras lo cual mostró su agradecimiento a “toda la militancia” que lo acompañó en este proceso.

Palabras especiales tuvo para su “compañera” que ha dirigido el equipo jurídico que lo ha “protegido”. Al tiempo, denunció que ella fue “maltratada mediáticamente por la cloaca de este país”.

Asimismo, ha dirigido duras palabra al PSOE, que, en su opinión, se “plegó” a las presiones del poder judicial. Al tiempo, se ha cuestionado qué habría pasado si en vez de apellidarse Rodríguez hubiera tenido un “apellido compuesto”.

El mismo mensaje ha lanzado en Twitter. “Si yo no me apellidara Rodríguez y no fuera de familia obrera, ¿me habrían quitado el escaño? ¿Qué hubiera pasado si tuviera un apellido compuesto?”, escribió. Y lleva razón. A su vez, advierte: “esta batalla la ganaron por ahora”.

Por otro lado, Alberto Rodríguez remarcó que, al perder su escaño, “acaban de dejar a más de 64.000 canarios sin representación”. Pese a ello, anunció que analizará la sentencia y actuará “en consecuencia”.

En ese sentido, aseguró que hará “todo lo que esté en mi mano jurídicamente. Por supuesto, iré al Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Iré a Estrasburgo sin ningún tipo de paliativo”.

Discrepancias en el ‘caso Alberto Rodriguez’

Discrepan en este caso dos estamentos jurídicos: el Tribunal Supremo y los servicios jurídicos del Congreso. Pero, al margen de las discrepancias, que se habrían resuelto si el Alto Tribunal hubiera sido claro en su sentencia, lo que no es de recibo es la injerencia del Poder Judicial en el Poder Legislativo.

Menos aún que Batet ceda, tras una decisión colegiada de la Mesa, a la presión del Poder Judicial en manos de ya sabemos quién. A la presidente del Congreso le ha faltado valentía y coraje.

En el Congreso no pueden entrar las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, pero entra como Pedro por su casa el Tribunal Supremo. Con su decisión, no ha hecho más que debilitar al Poder Legislativo, que es el único en el que, hasta ahora, podíamos confiar los ciudadanos.

¿O habrá sido el Poder Ejecutivo, que prefiere una injustica a hacer valer el derecho, pasivo o activo, de un ciudadano y de aquellos a los que representa?

Flaco favor a la democracia y a la separación de poderes ha hecho Batet y el Gobierno con esta decisión. Y sobre todo, la duda que deja a todos: ¿quién lleva razón? Y sobre todo, ¿por qué?

¿De quién nos podemos fiar? ¿De un Tribunal Supremo cuyas sentencias son interpretables por otro estamento jurídico? No es de extrañar que Alberto Rodríguez prefiera marcharse. Yo haría lo mismo. A mí no me da asco este sistema, me da pena y vergüenza.

Y lo peor no es que Alberto Rodríguez deje de ser diputado, que también, se le condene y decida abandonar su partido. Lo peor es que en unos días esto se olvidará y podrá volver a pasar, y pasará.

El Tribunal Supremo debería de hacérselo mirar porque a su falta de credibilidad ya secular se añade su falta de criterio. Recordemos, las hipotecas. El Poder Legislativo, representado por la Mesa del Congreso y Batet en concreto, también, porque a quien representa es a los ciudadanos. Asimismo, el Poder Ejecutivo, que, una vez más, ha mirado a otro lado por intereses poco claros. Tengamos memoria.

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