Año viejo, año nuevo: de lo divino a lo mundano

Año viejo, año nuevo: de lo divino a lo mundano

La tradición exige que imaginemos una frontera entre el año viejo que termina y el año nuevo que supone una apuesta por la renovación. El imaginario colectivo resulta, a modo de catarsis, una intención compartida de propósitos para mejorar en nuestras vidas.

En eso nos implicamos año tras año como si el 30 de setiembre fuera un día distinto del 31 de diciembre o el 1 de marzo fuera distinto del 1 de enero.

De eso tenemos pruebas en cada cultura. El año nuevo chino comienza el 1 de febrero y el azteca, el 12 de marzo.

Por estas fechas, los grandes medios se llenan de encuestas a ‘pie de calle’ haciendo resúmenes de lo más reseñable del año viejo. Hacen balance de lo bueno y lo malo del año que termina y señalan lo que supuestamente se espera del año que comienza.

Entre lo sucedido en 2021 destaca la vacunación, el/la/le Covid, ómicron, la recuperación, los fondos europeos, la crispación política en España. La erupción de Cumbre Vieja está entre lo más destacado, la caída de Trump, el asalto a la democracia el 6 de enero, la vacunación…

En Diario Progresista hemos ‘bajado al barro’, a preguntar a los ‘cotidianos’ y, como es normal, nos han dado una lección de humildad.

Lo cotidiano, lo que importó en el año viejo

Claro que importan los grandes temas, el paro, la epidemia, la economía, la política, pero el resumen es lo cotidiano, lo común, lo que importa.

Hemos encontrado casi de todo. Entre lo mejor, por ejemplo, el Balón de oro de Alexia Putellas, pero no el de Leo Messi, escuchábamos a Alejandro. Entre lo peor, la codicia en pleno sufrimiento de los más vulnerables con precios récord de la luz.

Incluso dudas de si es bueno o malo o nos enseña: Filomena, o la erupción de Cumbre Vieja, comentaba Ismael, “nos puso en nuestro sitio”. “La Naturaleza no se puede parar. El cambio climático va a hacer que esto estalle”, señaló.

Pero si hubo algo que dominó en nuestra encuesta es lo cercano. Hay quien puso los ERTEs, que salvaron los empleos de miles, como algo malo por los abusos de algunas empresas. Obligaban, dijo una persona anónima, a trabajar aun en ERTE bajo amenaza de despido.

Por otro lado, una entrañable anciana, Pepa se hace llamar, apuntaba a la pandemia como lo peor de lo peor. “Nos mantiene encerrados… sin abrazar a los nuestros (amigos… familia…)”.

“Lo mejor… la pandemia que no ha conseguido acallar nuestra voz ni separarnos de los que queremos y ha afianzado y estrechado lazos con aquellos que nos importan”, apuntalaba. Lección de vida.

“Seguir currando”

Pero también, cuestiones más personales, como haber vendido una casa y no encontrar una nueva. El teletrabajo se apunta enteros favorables y lo que más, los reencuentros, los abrazos, “seguir currando”, dice Paloma. “El viaje a Lanzarote y la Nochebuena” con casi toda la familia, añadía.

Además, la desinformación se considera, por parte de algunos, como una lacra a desterrar una vez que acabó el año viejo y empieza el nuevo.

Asimismo, un recuerdo por la Educación y la Sanidad públicas que tanto han dado y tan poco han recibido, decía otra Paloma.

Escenario semejante el que apuntaba Marisa: “Incertidumbre económica, sigo sin trabajo, crispación política y auge de la ultraderecha”, entre lo peor.

Entre lo mejor, como otros muchos: “La masiva vacunación en España, la familia que apoya, los encuentros con los amigos y las leyes que van a beneficiar a los trabajadores y a la comunidad LGTB”.

Y entre los deseos, lo mejor para la familia, “que la ultraderecha se derrumbe y que pueda seguir disfrutando de mis amigos, de mi familia y viajar”.

“Familia unida”

A su vez, hay muchos que constatan que lo más cercano es lo importante. Es el caso de Nuria, que vuelve a referirse a la “familia unida” a pesar del mal año, en el que perdió, perdieron, a su madre.

Agradece “haberme puesto la vacuna del Covid, dos veces, y mi familia y a mis hijos. Que, a pesar de las trabas, podamos disfrutar de sanidad y educación gratuita y para todos”, abunda.

Asimismo, hay quienes también se acuerdan, por la razón que sea, de la salida de Franco del Valle de los Caídos. Pero no menos recuerdan a aquellos que murieron porque no llegaron a tiempo de la vacuna.

También añoran la cercanía con familia y amigos y abominan del miedo que sigue inundándonos.

Y, por último, en ese ‘bajar al barro’ de lo cotidiano, quienes anteponen lo pragmático, como Ana. “Lo de 2021, ya no tiene marcha atrás”, asegura. Por eso, va directa a 2022: “Lo que me gustaría que estuviese entre nosotros en este nuevo año: ilusión, alegría, salud, besos, cariños… tanto recibidos como dados. Y buenos momentos de cañeo”.

Entretanto, hay quienes optaron por pasar separados esta Nochevieja por razones sanitarias para asegurar que pasarán juntos el año que empieza.

Así, pese a todo, algunos pidieron esta Nochevieja si se podía ver el tráiler de 2022. Feliz año viejo, porque pudimos pasarlo, feliz año nuevo, por lo que nos queda por pasar.

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