La mejor prueba de la escasa inteligencia de la Delegada del Gobierno en Valencia, Paula Sánchez de León, es que el fuego que trató de sofocar a garrotazos se ha esparcido como brasas por toda la región de Valencia.
Miles de personas se agolparon en la calle de Xátiva, alrededor del Instituto Luis Vives, para volver a defender que sus hijos pudieran tener calefacción en los centros de enseñanza públicos.
Ya no defendían la educación de sus hijos, sino la seguridad de ellos. Padres, madres, federaciones de madres y padres, sindicatos, alumnos, estudiantes, comerciantes, transeúntes, miles de personas ayer unían sus voces alrededor de niños armados con libros, tras la estúpida -sobre todo estúpida-, carga policial anterior.
La única responsable de la violencia es la badulaque delegada del gobierno. Pero también es responsable de la mecha que prendió el asunto: hay que recordar que la propia Paula Sánchez de León fue consejera del gobierno de Camps que dilapidó las arcas públicas y restó recursos a los colegios que ahora no tienen ni para calefacción.
Anteanoche, qué diferencia, la decana de la Facultad de Historia, como en tiempos remotos, tuvo que alegar autonomía universitaria para impedir que detuvieran a decenas de jóvenes escondidos en la biblioteca.
Por contra, la línea más significativa del currículo de esta irreflexiva delegada del gobierno es la que cuenta que fue la responsable de la campaña electoral del Partido Popular en las pasadas elecciones autonómicas y locales.
Criticable son también las declaraciones de Antonio Moreno, jefe superior de policía de Valencia, quien llamó enemigos a los estudiantes. Sin embargo, estamos en presencia de un funcionario, poco agraciado por la templanza, que cumplía órdenes de una delegada aficionada a las guerritas del abuelo.
Juan Ignacio Wert, el que faltaba, ministro de Educación, salió en su defensa señalando que los problemas no se arreglan con manifestaciones. Como si las expresiones públicas fueran la solución, sino la protesta constitucionalmente recogida, el lenguaje de los ciudadanos pacíficos que entienden la calle como un espacio público en el que expresarse.
No hay cargo político peor que el que ejerce un besugo. Aquel que no sabe medir las consecuencias de una acción tan imprevisible como desproporcionada. Todo mando policial consultado por este periódico está de acuerdo con el hecho de que las directrices dadas por la inexperta delegada del gobierno son tan escasamente inteligentes como tremendamente imprudentes. Como los hechos de ayer no tardaron en demostrar.
Por eso, sobre todo por eso, Paula Sánchez de León no puede estar ni un minuto más en un cargo tan sensible como la dirección de las fuerzas de seguridad del Estado en la región en la que representa al Gobierno de la Nación.
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