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Europa está ante su propia encrucijada. A la altura de sí misma lucha por saber el camino a tomar, el rumbo al que dirigirse. Mientras, ve a una de sus hermanas, quizás a su propia madre, caer por el precipicio de la ruina.
El dominio del exterior, la falta de pulso metropolitano tras la conquista de los turcos en 1456, dejó Atenas en pocos decenios en tan solo unos cinco mil habitantes. Los griegos huyeron en su mayoría a áreas más prósperas ante la ruina económica y el descalabro político propiciado sobre la antigua capital de Grecia.
Seis siglos después, la política absurda y localista de Ángela Merkel y de la troika financiera que domina Europa ha dañado, no sólo a Grecia, también al resto de las naciones que ven cómo sus bancos van a tener que provisionar una buena parte de una deuda que Grecia va a ser incapaz de pagar.
El recorte de 325 millones de euros adicionales hasta un total de 3.300 con el fin de reducir su necesidad de endeudamiento, la disminución del salario mínimo un 22% para reducir costes al no poder devaluar o el despido de quince mil funcionarios, no arregla el futuro de Grecia e, incluso, impide su desarrollo y, por lo tanto, la esperanza de los acreedores a cobrar sus deudas.
La ceguera de la troika formada por la UE, el BCE y el FMI, lleva a Grecia a la catástrofe, si bien, tras el plan aprobado hace horas, aplaza una situación de suspensión de pagos que se veía venir.
Cuando a los helenos se les exige unos intereses imposibles, la negativa a pagar es sólo cuestión de tiempo. Pero antes de una suspensión de pagos condonan la mitad de una deuda que da lugar a que los bancos acreedores tengan que soportar una quita de la mitad de los 206.000 millones de euros que deben los griegos.
Se aprieta más el cinturón Grecia, ahorca su crecimiento y, por lo tanto, su solvencia en el futuro. Ha de pasar aún por la aprobación del plan por parte del Parlamento alemán el próximo 27 de febrero, y, luego, ya puestos en marcha hacia la miseria, nuevas elecciones helenas para poner fin al gobierno interino de Lukas Papademos.
Cuando todo parecía indicar que el plan que tienen que presentar debe ser un proyecto de desarrollo a largo plazo, reordenando la deuda también a amplia escala, con emisión europea solvente. La cortedad de miras y el pragmatismo acreedor, lleva a Europa a su debacle, a Grecia a la suspensión de pagos y a Atenas al fuego de las antorchas de los que menos tienen.
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