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Es nuestro deseo querer que la ideología de los conservadores españoles eche raíces en el mismo tronco que la derecha europea. Que su rizosfera ideológica pueda ser (re)definida, más allá de imposturas, y poder confrontar.
Las posiciones del principal partido conservador de España, la orientación ideológica, se han fijado en el Congreso de Sevilla en función de lo que diga el gobierno o los tribunales. Nada ha salido, y lo lamentamos, del debate o (al menos) de las raíces conservadoras de Europa (Burke et al).
Cristiano y liberal es bastante incompatible, para lo cual, existe una enorme profusión de bibliografía a este respecto: Pío IX, León XIII, San Pío X, Pío XI o Pío XII. Más allá de la graciosa coincidencia de que la mayoría son Píos, la batalla abierta por la delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, y el concejal del Ayuntamiento de Madrid, Ángel Garrido, con el fin de eliminar dicha raíz, fue perdida ante los postulados de Alberto Núñez Feijóo, Ramón Bauzá y Santiago Cervera. Una cosa o la otra. Está claro.
Para mayor abundamiento, la enmienda que señalaba "defendemos la libertad de las personas para escoger y desarrollar su vida personal y familiar, mostrando siempre el mayor de los respetos hacia las nuevas realidades existentes", fue abrumadoramente rechazada.
Más contradicciones en un mar de votos afirmativos. Se aprueba que la posición del partido en relación al matrimonio entre personas del mismo sexo será la que diga el Tribunal Constitucional. Posición contraria, sin duda, a la mantenida por Mariano Rajoy meses antes, dispuesto a variar la reforma, cuestión que, ciertamente, ya no es noticia.
En la ponencia económica lo más destacado fue apoyar la reforma laboral del gobierno. Una vez más el partido se convierte, con tanto poder institucional, en apéndice del consejo de ministros.
Las orejas del lobo están, y se ven con nitidez en este congreso descafeinado donde, leyendo la ponencia política, observamos otro abrumador voto afirmativo a su rechazo a las movilizaciones de "minorías radicalizadas" (!). ¿Quién define como radical a una minoría? Parece evidente que, a los hechos me remito, que son los delegados del Gobierno y sus porras los que dan carnés de radicales a menores de edad.
Nada de ideología. Sólo poder. Que lo tienen. Quizás por ello la batalla por el número dos del partido, el contrapoder Arenas frente a Cospedal, o cómo reducir la influencia de la número dos manchega, es simplemente una discusión sin sentido. ¿Por qué?: porque la número dos es triple ese (3S), Soraya Sáenz de Santamaría. No tengan dudas.
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