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Debate el Grupo Parlamentario Socialista del Congreso de los Diputados y, en general, el PSOE, sobre la actitud que ha de tener, consenso o disenso, con respecto a la mayoría de los temas.
Discutía o aprendía del filósofo y diputado socialista Mario Salvatierra sobre la ausencia de objetivos de la socialdemocracia o cómo ésta, haciendo de la necesidad virtud, acuerda ser la primera defensora de los errados postulados del capitalismo.
Distopía es la ausencia de utopía. Término acuñado por uno de los mejores pensadores de la historia, John Stuart Mill, y donde los conservadores hacen del realismo prágmático y de la reacción cierta, su quehacer diario.
Decía Patxo Unzueta en El País de ayer que el derrame de votos del PSOE proviene del centro y del centro izquierda (página 12). Las capas más moderadas, las clases medias y trabajadoras, ilustradas y no ilustradas, ven su futuro amenazado, trabajadores también, a veces aliados de clase, y la socialdemocracia deja de ser referente, tanto para los trabajadores propiamente dichos como para los aliados de clase.
Pero una cuestión es ser moderado y otra, bien distinta, es perder la perspectiva de lo que se nos viene encima. La causa de la crisis es el desorden económico mundial, las trampas del sistema financiero a la que nos abocaron los conservadores tardoliberales. No puede ser la clase trabajadora y las capas medias las responsables de un desaguisado que ha dado la razón, en el tiempo, a la socialdemocracia.
Por lo tanto, se puede ser moderado, pero no se puede ser cómplice. Se puede centrar el discurso, pero no se puede ser tibio. No podemos nadar en la distopía y perder el horizonte como objetivos finales del socialismo: la libertad.
Una forma de ver la distopía es la denominada antiutopía, es decir, que no se trataría de ausencia de utopía, sino de una utopía negativa, formas apocalípticas o satíricas. Sería peor asunto que la socialdemocracia fuera, empero, la primera defensora de la reacción, de convertir la necesidad en virtud, en defender el déficit público cero como instrumento para siempre, perdiendo el objetivo de cambio y transformación social.
Salvatierra me decía, “yo quiero una rosa, pero que no sea de plástico”. Podremos regar de una forma u otra nuestro jardín, discutir donde poner las plantas, pero la rosa, siguiendo a Mario, o es de verdad, o no es rosa.
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