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Carlos Dívar ha presentado la dimisión esta mañana, tras haberse resistido durante semanas a admitir como falta, como error siquiera, los gastos que con cargo a la caja de todos los españoles le permitían disfrutar de tan alto nivel en su vida profesional y privada. Las ´semanas caribeñas´ de Dívar, a él le han costado el puesto. A la mayoría de los españoles perder un poquito más la cada vez más exigua confianza en el sistema judicial español, tan duro para unos, y tan benevolente para otros.
Además, con su decisión de abandonar el cargo, Carlos Dívar ha eludido la obligación de comparecer ante las cámaras en las que reside la soberanía nacional ejercida a través del voto libre, personal y secreto, que no son otras que las Cortes Generales. Una de las mayores preocupaciones de que el ya ex presidente se atrincherara en su puesto era precisamente que se visualizara la supremacía del poder emanado directamente de las urnas sobre la del poder judicial, que debe responder ante el Parlamento cuando así se le requiera. Esta obligación trató de ponerse en duda a raíz del escándalo de la presidencia de lujo de Dívar, y de no haberse producidor la dimisión, hubiésemos visto al poder de los jueces sometidos a las preguntas y el control del poder del Congreso de los Diputados.
Lo cierto es que Carlos Dívar se ha convertido en el primer presidente del Poder Judicial que abandona su cargo, tras presentar su dimisión esta misma mañana.
La decisión es consecuencia de la polémica suscitada a raíz de conocerse que su presidente, Carlos Dívar, cargó a los presupuestos de este órgano parte del coste de una treintena de viajes que realizó en fines de semana por valor cercano a los 28.000 euros, en las llegaron a definirse como las "semanas caribeñas" del presidente, cuyo gasto, y con la que está cayendo en nuestro país, el prefirió considerar “una miseria”
Como todos esperaban, Dívar comunicó su decisión a los 20 vocales nada más comenzar el Pleno, y de ese modo hacía pública la decisión "rotunda y contundente" que anunció el pasado sábado, cuando quedó paralizado el Pleno en el que iba a pedirse su cese.
A partir de la publicación de la dimisión de Dívar en el BOE, el CGPJ pasará a ser presidido en funciones por su hasta ahora vicepresidente, Fernando de Rosa, de tendencia conservadora. En el Tribunal Supremo el puesto de Dívar será igualmente en funciones para el presidente de Sala más antiguo, en este caso Juan Antonio Xiol Ríos, considerado progresista moderado.
DE INSTRUCTOR A PRESIDENTE
Carlos Dívar, que cumplirá 71 años el próximo mes de diciembre, comenzó su carrera jurídica ejerciendo como magistrado en distintas localidades como Castuera, Durango, Orgaz y San Sebastián. En 1980 fue nombrado titular del Juzgado Central de Instrucción número 4 de la Audiencia Nacional, donde fue designado como presidente 21 años después, en 2001.
Dívar mantuvo este cargo hasta su nombramiento como presidente del Tribunal Supremo y del órgano de Gobierno de los jueces en septiembre de 2008, puesto para el que fue elegido por unanimidad por los veinte vocales del CGPJ.
Propuesto por el entonces presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, su figura fue calificada en una declaración institucional avalada por los vocales como la "persona idónea para generar confianza y consenso en el órgano de gobierno de los jueces".
Los vocales destacaron en aquel momento los méritos y cualidades que concurrían en su persona, especialmente su condición de jurista de Estado y su idoneidad para presidir el Tribunal Supremo y el órgano de gobierno del Poder Judicial para que éstos tuvieran "eficacia" y gozaran "del prestigio y de la credibilidad necesarios entre los ciudadanos".
También resaltaron la capacidad de diálogo y la trayectoria profesional "impecable" de Dívar durante sus casi 40 años de ejercicio, caracterizados por su "independencia, prudencia, discreción y preparación técnica", entre otros muchos elogios.
El hasta ahora presidente del Supremo sufrió en la Nochebuena de 2003 un intento de atentado de la banda terrorista ETA que planeó acabar con su vida durante su desplazamiento diario desde su domicilio hasta la Audiencia Nacional. La acción fracasó debido a que su comitiva empleó aquel día un trayecto diferente al habitual. Dívar atribuyó su salvación "a la intercesión de la Virgen de Fátima".
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