 |
 |
El presidente del PP de Andalucía, Javier Arenas Bocanegra, se esconde ahora detrás de la voluntad y ´el permiso´ de Diego Valderas, coordinador general de IU en la región, para aceptar un debate cara a cara con el Presidente de la Junta, José Antonio Griñán. Esta es la última fórmula que han encontrado los estrategas de la derecha para dinamitar las posibilidades del debate sin evidenciar que no quieren exponer a su líder a una confrontación directa.
En efecto, de labios para fuera, el eterno aspirante a hacerse con el poder en Andalucía por parte de la derecha está “abierto” a participar en cuantos debates se planteen. Eso sí, siempre que Valderas esté de acuerdo, algo que, por definición, jamás puede ocurrir, ya que nadie desea regalarle a sus adversarios ni un solo minuto extra de difusión pública de sus ideas, ni aunque esté plenamente justificado por el diferente peso electoral de unas y otras opciones políticas.
Arenas Bocanegra, que quiere emular la estrategia que su jefe de filas, Mariano Rajoy siguió para alcanzar la Moncloa, boca cerrada, propuestas las menos. Y mucho menear el descrédito de la política y los políticos azuzando escándalos reales o soñados, está empeñado en que ningún traspiés le impida llegar a la meta en el enésimo asalto al Palacio de San Telmo de Sevilla.
Si, por raro azar, se llegase a un acuerdo sobre el número de debates y sus participantes, sus segundos espadas ya están preparando la siguiente línea de defensa contra la transparencia electoral: buscar un “espacio neutral” donde celebrar los debates. En esta línea se manifestó hace dos días el secretario general del PP andaluz, Antonio Sanz. No hay que descuidar detalle.
|
 |
 |