 |
 |
Mirar hacia delante es la mejor forma de salir de los problemas que a nuestro país han atascado durante decenios. El terrorismo, uno de ellos, el principal, nos ha tenido atenazados como sociedad y como democracia.
Por eso, aún siendo tentador mirar hacia atrás, debemos ser optimistas en relación al fin de ETA y celebrar, tal como lo hizo este periódico ayer, el acuerdo de (casi) todos los grupos políticos en relación al fin del terrorismo y a la incorporación a la vida política de aquellos herederos ideológicos de los que defendían la lucha armada.
Pero no podemos dejar de recordar la cantidad de insultos e improperios que recibió el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, el Grupo Parlamentario Socialista y la dirección del Partido Socialista Obrero Español, por permitir que los tribunales legalizaran la presencia en las elecciones de la coalición Amaiur.
Permitir... qué extraña palabra en boca de aquellos parlamentarios del Partido Popular ahora misnistros: ¿es que acaso un gobierno, el poder ejecutivo, puede evitar que un tribunal dicte un auto?
Nos encontramos que aquellos que acusaron por ello al gobierno de la nación de colaboración con banda armada, ahora votan en contra de la ilegalización de Amaiur. Una contradicción más de los conservadores españoles que saludamos con alegría viéndoles pasar por el arco que hace a los hombres y mujeres inteligentes y templados.
Amaiur debe su nombre a la conquista por parte de las tropas castellanas del castillo de Maya (Amaiur) en 1521, fortaleza que resistió hasta el final defendida por los leales al rey de Navarra. Y, como una Numancia, como un castillo navarro renovado, los de Amaiur se hicieron fuertes tras la ley y, cumplidores de esta, el Gobierno de la Nación, entonces socialista, no tuvo por más que acatar el auto.
Porque además es bueno para el País Vasco y para España: una salida política a aquellos que la estaban pidiendo.
Sin embargo, el magnífico resultado obtenido por las listas de Amaiur es debido, quizás al premio que coyunturalmente la sociedad vasca les ha dado a su decisión; pero también, quizás, como dicen otros, a la extraordinaria propaganda españolista -que no española-, que el Partido Popular les hacía en el Congreso y en la calle, en los medios y en las opiniones.
Ahora han comprobado que lo que hacía el gobierno anterior era lo inteligente. Quizás, seguro, ya lo sabían, pero antepusieron sus intereses electorales a los intereses colectivos. Aunque, en pocas semanas tuvieran que rectificar y votar en contra de la iniciativa de UPyD que volvía a exigir la ilegalización de Amaiur y Sortu. Una contradicción más de los conservadores españoles.
|
 |
 |